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Grabación en solitario


La grabación en solitario capta a un único intérprete, ya sea un instrumentista o un vocalista, y centra toda la cadena de señal en reproducir fielmente una sola fuente. La elección y la ubicación del micrófono, el carácter de la sala y la monitorización por auriculares se adaptan a ese intérprete, lo que permite un alto grado de detalle y matiz en el resultado.

Dado que no hay filtraciones de otros músicos, las grabaciones en solitario son flexibles en la edición y la mezcla, y a menudo se superponen para construir texturas más amplias. Son habituales en instrumentos destacados, voces principales e interpretaciones íntimas en las que la claridad y el detalle expresivo son la prioridad.[1]